martes, 13 de diciembre de 2016
Robemos un día a la rutina
Al fin nos animamos a robarle un día a nuestras labores.
No hubo sueño, trabajo, deber que se interpusiera a ese compromiso de vernos en aquel martes de verano.
Desayunamos entre risas y charlas poniéndonos al día.
Cual antojo de contarse todo nos arrebatara
Pero pronto como si de palabras nos quedáramos cortos
Pasamos acercar algo distraidos,
Nuestras manos,
Nuestros rostros,
Nuestros latidos..
Como con el roce de una pluma bailando al viento
Acaricias suavemente mis brazos hasta mis manos con tus dedos.
Mis ojos lentamente se cierran ante el halago de tus labios en mi cuello.
Tan suaves tus movimientos que se escapa de mi boca un gemido palpitando el deseo de que no me sueltes jamás.
Entre tanta pasión que nos amenaza,
sabes robarme una sonrisa al hacerme cosquillas.
Sabes como hacerme sentir una dama,
Una niña,
Una mujer privilegiada.
Tu cabeza recostada en mi hombro y nuestra mente perdida
Nos prepara para una nueva despedida de la que nos cuesta terminar.
Con el reloj apurado que nos controla
Sin darnos cuenta se nos hizo la hora de besarnos y acabar.
Entonces las palabras se quedan cortas,
Las emociones que se agotan y los sueños empiezan a despertar.
Me subo al auto ya extrañandote y todo vuelve a comenzar..
Transcurren las horas, días, semanas,
La rutina nos invade y nos ahoga como a todos los demas.
Y como programado nuestro cuerpo actúa, mientras nuestra mente muere lentamente en el anhelo de volvernos a encontrar.
sábado, 30 de julio de 2016
Encuentro fortuito
¿Porqué se esconde la luna de aquel sol acosador?
Esta risueña juega para que la siga,
corre rápido y detrás de los arboles lo mira divertida
sabiendo que volverá otro día a intentar toparse con su belleza.
Descuidada olvida su sombra que la delata en el mar,
por ello cada tanto puede sorprenderla por detrás y acariciar sus mejillas rosadas.
¿Y a quién culpa ella de aquel amor avergonzado?
¿A quién culpa él de tantas complicaciones y esperas?
Aquella joven corre y revolotea con su mirada perdida en las risas de la noche.
Aquel ya mayor la observa asustado por momentos, deslumbrado y excitante
por las locuras de sus deseos, por sus caprichos, por sus anhelos,
por no poder dejarla un instante.
¿A quién culpa de su soledad aquellos ojos azules? Si la codicia de tenerla le embriaga en lagrimas sus eternas despedidas..
¿A quien culpa de sus desencuentros aquella de rizos escarlata? Cuando las estrellas murmuran de su historia clandestina, juzgando sus caricias por miserias, sus poemas por infortunio..
Y detrás de leyendas prohibidas y una eternidad de silencio,
algunos aun dicen que cada cierto tiempo se cruzan inesperadamente en alguna esquina,
y algún beso se pierde en el regazo de la luna,
y algunas caricias descansan por fin en los lóbulos del sol caballero.
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